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Sin justificar al pecado y sin darle concesiones a la negligencia y a la carnalidad, podríamos decir el cristianismo no es un sendero de menos caídas y pecados, sino como una vida de más arrepentimiento - SANTIFICACIÓN, es como llamamos a este proceso de hacer morir las obras de la carne, de ser depurados del pecado residente y de despojarnos de la vieja naturaleza.

No es que tengamos excusa para pecar licenciosamente, sino que siendo realistas y atendiendo a la palabra de Dios, sabemos que hasta que Cristo nos traslade a su gloria tendremos que luchar contra el pecado en arrepentimiento y fe - al principio, cuando comenzamos a caminar con Cristo, el pecado es evidente a nivel de obras: prácticas impías, vicios, actos de corrupción, patrones desordenados de vida - de eso debemos arrepentirnos y abandonar todas esas obras de pecado.

Pero al avanzar más, y conocer la santidad de Dios, nos damos cuenta de que esos frutos de maldad provienen de raíces profundas - a nivel de pensamientos, deseos, creencias y motivos. Nos damos cuenta que la idolatría no ocurre sino principalmente en el corazón; somos conscientes de que incluso podríamos tener una "apariencia de piedad" pero sólo estar fingiendo, maquillando la realidad y guardando las apariencias. Y por lo mismo, nos arrepentimos más - hay un clamor desesperado por ser limpiados, un anhelo de tener pensamientos puros, de tomar decisiones sabias - el deseo intenso de caminar en obediencia y sometimiento a la ley de Cristo. Hay tristeza y quebrando, producidos por la torpeza, la distracción y los errores que cometemos incluso teniendo la intención de agradar a Dios; pero igualmente la certeza de que fortalecidos en Cristo, guiados por su Espíritu Santo y amparados en su gracia, venceremos al pecado.

Es que el cristiano todavía peca, y peca mucho - pero ya no peca a gusto; la impiedad le avergüenza, la mentira de molesta, la hipocresía no le acomoda - una cosa anhela con todo su corazón: ser santo, ser cristiano de verdad – uno es su clamor constante al Padre: ¡Ya no quiero pecar!