Tal parece que la emoción y algarabía del inicio de un nuevo año se disipa demasiado pronto.
Necesitamos despojarnos de esa clase de pensamiento mágico con que muchos tratan el cambio de año como si fuera una transición mística hacia una vida nueva en automático.
Nuestra vida NO ha de renovarse año tras año, sino DÍA A DÍA - es día a día que Dios nos otorga sus beneficios porque día a día dependemos de su misericordia.
Jesucristo, por lo tanto, no ha de ser accesorio de temporada, sino la prioridad de cada jornada y nuestro todo en todo.