Si algo el Señor nos está hablando hoy por medio de su Palabra, en lugar de rechazarlo, o asumir una actitud de “yo no necesito eso”, o, “la persona que tengo a mi lado o aquel otro hermano es quien necesita escucharlo”, lo mejor es recibir la Palabra para nosotros mismos con humildad, y pedir al Señor que nos ayude a ajustar nuestras vidas a su enseñanza.