La filosofía estoica nos enseña que nuestra perspectiva define la realidad más que los eventos en sí. Ante adversidades, como la pérdida de un trabajo o una limitación física, podemos elegir ver el obstáculo como un desastre o como una oportunidad. Ejemplos como Beethoven, quien transformó su sordera en inspiración, muestran cómo el cambio de enfoque puede abrir nuevas oportunidades y permitirnos crecer. Así, cultivar una mente resiliente y aceptar los desafíos sin juzgar nos convierte en arquitectos de nuestro propio destino.