La vida espiritual puede ser comparada con un jardín florido o un campo sembrado que da gran fruto. No obstante, perdemos de vista que la belleza actual es fruto de un proceso en el que un terreno sin gracia aparente, obtuvo la confianza de un sembrador valiente que vio valor y fuerza donde otros no veían futuro. ¿Te atreves a trabajar tu propia tierra?