Llenar nuestro corazón con quejas, críticas y murmuración no va a llevarnos a buen puerto. Esta afirmación reluce ante las diferentes reacciones que tuvo el pueblo de Israel estando en el desierto. Y si bien, Dios mismo se encargó de proveerles del maná como sus corazones estaban infestados de este veneno no podían ver a este Dios proveedor. Tener un corazón pronto para este tipo de reacciones puede llevarnos a lugares impensados.