Si queremos disfrutar de un bienestar integral, necesitamos redefinir nuestra espiritualidad.
A pesar de que la humanidad está cada vez más conectada tecnológicamente, hay un número creciente de personas que se siente desconectada con los demás y con ellos mismos. La gente no se siente bien y está buscando desesperadamente herramientas para sentirse mejor y ser feliz.
Se ha promovido una espiritualidad que se identifica con ciertas disciplinas como leer la Biblia, orar, ayunar, adorar y congregarse en una iglesia. Este concepto de espiritualidad es limitado (incompleto), y no tiene la capacidad de producir la vida plena que Dios tiene para nosotros.
Necesitamos partir de una verdad: Todo nuestro ser es importante para Dios.
Para Dios, una persona espiritual es aquella que ejerce una buena administración de todo su ser, no sólo del espíritu.
Porque para Dios:
Alimentarse bien es tan espiritual como ayunar.
Celebrar es tan espiritual como adorar.
Reir es tan espiritual como orar.
Descansar es tan espiritual como servir.