Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado: después de un tiempo de misión, los discípulos regresan y le cuentan a Jesús lo que han vivido. Jesús, con su manera amorosa, escucha atentamente lo que cuentan.
"Venid solos a un lugar desierto y descansad un poco": este pasaje nos muestra que tanto los discípulos como los misioneros de hoy no son personas extraordinarias, y necesitan tiempo de descanso para recuperar las fuerzas. Jesús se preocupa por las personas que lo siguen y quiere alejarlas de las multitudes, invitándolas a un lugar desierto. El tiempo de reposo de la misión es necesario e indispensable, porque también es un tiempo de reflexión y de restaurar las fuerzas. Tiempo para entrar en el desierto de nuestro corazón y reflexionar sobre nuestra acción misionera, tiempo de silencio, para revisar el camino y orientar los pasos del seguimiento.
Ellos se fueron solos, en barca, a un lugar desierto y apartado: el desierto no es solo un lugar de delicias y oasis, el desierto nos lleva al encuentro con nosotros mismos, con lo más profundo de nuestro ser. El desierto es éxodo y nos lleva al encuentro con la vida y la libertad. Es en el desierto, en la intimidad con Cristo, que la soledad propicia, que encontramos el sentido de nuestro actuar misionero y de nuestro ser. Para los misioneros y discípulos de Cristo, el desierto debe ser el puerto seguro, pero la multitud corre también allí porque tienen hambre del encuentro con Cristo y su Palabra.