Es innegable que hoy estamos viviendo situaciones familiares, sociales y mundiales de grave desorientación, especialmente moral y ética. Sentimos nuestra impotencia y la falta de un respiro de esperanza y confianza, no solo por la falta de medios y dinero. Mucha gente siente que está viviendo en la oscuridad, especialmente los más desprotegidos, los más pequeños e inocentes. La oscuridad de hoy no es tan diferente de la de la época de Herodes.
Sentimos que las hermosas palabras ya no nos ilusionan, ya no pueden engañarnos. Hemos afinado nuestro olfato para desenmascarar discursos y políticas ambiguas, religiosidades no auténticas, relaciones superficiales pero vacías. Pero después de rechazar lo que no nos convence y lo que no es auténtico, ¿dónde vamos a buscar algo mejor, algo verdadero y sólido? Después de criticar, desenmascarar y condenar la oscuridad, ¿qué alternativa nos queda? ¿Qué luz podemos encender o esperar?
El Evangelio de la Epifanía (Mt 2,1-12) nos presenta el escándalo de la búsqueda de los magos: hombres dispuestos a emprender un largo viaje siguiendo solo la pista de una estrella. Parecía una locura entonces, ¡y no es menos ahora! ¿Qué ven y esperan más allá de la estrella? ¿Qué razón y ganancia los guía, a pesar del riesgo? Buscan al nuevo Rey para recibirlo, reconocerlo y adorarlo. ¿No había reyes poderosos a quienes reverenciar como Herodes? Nos impacta la extraña humildad, la esperanza tenaz y la desarmante sencillez de corazón de estos grandes personajes.
Al mirar y seguir la estrella, ellos mismos se revisten de luz, la Gloria de Dios está sobre ellos (Is 60): son signo y luz del camino también para otros que, como ellos, buscan el verdadero Tesoro, la Perla preciosa de la vida.