Después de algunas instrucciones a los discípulos en los versículos 1-4, el pasaje del Evangelio de este domingo aborda el tema de la fe en Dios utilizando la metáfora de una semilla de mostaza y la actitud que hay que adoptar ante Él, comparada con la que existe entre el amo y el siervo.La respuesta de Jesús sobre la fe surge a raíz de la petición de los apóstoles, quienes anhelan recibir un aumento de este don. Jesús no accede a su petición y tampoco ofrece una definición de la fe, sino que les recuerda el extraordinario poder que encierra. Para Jesús, tener la fe como de un grano de mostaza, tan pequeño y casi insignificante, sería suficiente para realizar cosas impensables. Esa pequeña fe es capaz de provocar una revolución, porque puede actuar con una fuerza tal que trasciende nuestros esquemas habituales y rompe todas las estructuras humanas. Jesús, «el Señor» de la autoridad y el poder divino, nos da la certeza de que basta con tener una mínima confianza en Dios para realizar grandes prodigios, porque la fe, aunque sea poca, si es firme y fuerte, siempre es una comunión con Dios y nos hace partícipes de su poder.