Durante el tiempo de Cuaresma, a menudo somos invitados a realizar algún gesto, a llevar a cabo alguna acción práctica que nos ayude a ponernos en la perspectiva de caminar con el Jesús sufriente. La limosna, la oración, el ayuno son ciertamente los pilares de este tiempo fuerte y significativo en nuestra vida de fe. Siguiendo esta línea, el Evangelio que se nos ofrece para la quinta semana de Cuaresma nos invita a detenernos primero en los deseos.
"Señor, queremos ver a Jesús". Este es el deseo expresado por algunos griegos durante una festividad en un momento de oración, a Filipo. Si nos detenemos en el significado etimológico de la palabra "deseo", descubriremos que proviene del latín, compuesta por dos palabras "de" y "sidus", que significa la falta de algo que es fundamental, vital, de lo que no podemos prescindir. Podría ser algo que antes teníamos, pero que ahora no está en nuestro poder.
Lo que a estos griegos les faltaba intensamente era la posibilidad de ver a Jesús, estar cerca de él, escucharlo, tocarlo. Probablemente ya habían oído hablar de él o incluso lo habían encontrado o escuchado antes. Es por eso que ahora no pueden prescindir de él y sienten el deseo de encontrarlo, con la solicitud explícita: "queremos ver a Jesús".