Danza en energía femenina y masculina. Sincronizándonos con el ritmo de la vida. Recibir a luz mientras permitimos que nos modifique, aprendiendo a confiar en esa energía femenina dadora de luz. Dar luz con cada paso, cada mirada, con nuestra mirada, presencia y voz. Tanto hombres como mujeres armonizamos ambas energías.