Listen

Description

“Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón en los días de tu adolescencia; y anda en los caminos de tu corazón y en la vista de tus ojos; pero sabe, que sobre todas estas cosas te juzgará Dios”

Eclesiastés 11. 9

Una gran cantidad de incrédulos, al no tener una adecuada comprensión del propósito de los mandamientos de Dios y del Evangelio en general, creen que el cristianismo consiste en la auto-imposición de una larga lista de prohibiciones aburridas que terminará menoscabando su anhelo de ser felices, por lo que muchos jóvenes acaban argumentando algo como lo siguiente: “Yo por ahora, quiero ser feliz, yo quiero vivir; y tal vez, cuando ya sea mayor creeré en Dios”. 

Mas no solo esto, sino que también hay muchos adultos que al día de hoy consideran que es absolutamente esperable y hasta deseable que un joven cometa toda clase de atropellos, imprudencias y tonterías, pues para estos adultos, neurona joven necesariamente es lo mismo que neurona torpe. Y así, dado que el mundo ya ha diagnosticado que ser joven es lo mismo que estar poseído por una incurable enfermedad que les impide auto controlarse, han decidido brindarle a esta extraña raza todo tipo de tratamientos paliativos, ofreciéndoles por ejemplo anticonceptivos desde niños, abortos, drogas, o cambios de sexo, abrazando el anhelo de que tal vez, la adultez llegue a rescatar de la rebeldía sus cerebros (Como si no existiesen también adultos sin dominio propio).

Pero, de lo que no se habla mucho, es acerca de los respectivos frutos que estos “tratamientos paliativos” producen, los cuales el joven estará condenado a cosechar, teniendo por tanto que invertir su adultez, y en ocasiones su vida entera, en intentar sobrellevar las nefastas consecuencias de sus actos juveniles, que los perseguirán durante toda su existencia, bien sea a modo de dificultades o penalidades tangibles, o bien sea a modo de imborrables pensamientos de culpa. Y si a esto se refiere el mundo cuando dice que quiere ser feliz, yo preferiría entonces no serlo.

¡Cuan tristes son las consecuencias que se han recogido del hecho de rechazar a Dios, Quien anhela nuestro pleno gozo y nuestra paz!

En nuestro versículo de hoy, el predicador invita a la juventud a estar alegre, y a aprovechar toda aquella energía y talentos propios de esta edad antes de que pase el tiempo y le sean quitados, pero, guardando siempre en la mente y en el corazón aquella Ley de Dios que busca que seamos verdaderamente felices. Si un soldado tiene un mapa que le indica donde están escondidas las minas, de seguro lo usará, pues sería irracional que dijera: “No, siento que este mapa me quita libertad, yo mejor quiero andar sin él por donde yo quiera”. De igual manera, los mandamientos de Dios no son una soga a tu cuello que buscan asfixiarte, sino que, por el contrario, ellos son un precioso regalo dado por Dios, que procuran tu bienestar en esta vida, concediéndote libertad del pecado y de sus consecuencias. 

Pero, sería irreal pedirte que cumplas con todos los mandamientos de Dios, pues soy humano como tú, y sé que no puedes hacerlo, por lo cual, lo que en verdad te diría, antes que todas las cosas, sería: “Cree en Cristo”; pues es solamente por medio de Su Espíritu que puedes ser capacitado para amar realmente la Ley de Dios, y para ser feliz en el hecho de glorificar a Dios cada día en tu propia vida por medio de la obediencia a Su Palabra… y eso, te lo garantizo, siempre hará bien a tu alma, incluso en aquellos momentos en que necesariamente debas pasar por diversas pruebas a lo largo de este peregrinar.

¡Cree en Cristo, y alégrate!