"No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano."
Éxodo 20. 7
Casi siempre pensamos que entendemos el corazón de cada uno de los mandamientos, hasta que dejamos que la Biblia, y no el mundo ni nuestro engañoso corazón, nos los explique.
Y así es como, por ejemplo, casi todo el mundo cree que jamás ha cometido homicidio en su vida, hasta que lee Mateo 5. 22 y descubre que homicidio no solo implica el hecho físico de quitarle la vida a alguien, sino que también incluye el hecho mismo de guardar en nuestro corazón odio o rabia en contra de alguien, así sea por un momento; lo cual nos termina haciendo culpables del sexto mandamiento.
Otras personas creen, por ejemplo, que nunca han cometido adulterio, y así se mantienen, hasta que leen Mateo 5. 28, donde el Señor enseña con absoluta claridad que todo aquel que codicia a una persona en su corazón, que no sea su cónyuge, ya es culpable de adulterio; y es entonces cuando se dan cuenta de que han roto el séptimo mandamiento.
Y así mismo puede llegar a ocurrirnos con el tercer mandamiento, pues es verdad que muchas personas moralistas podrían llegar a nunca proferir una maldición o un perjurio haciendo uso del nombre de Dios. Pero eso, como veremos, no los exime de este pecado, pues este mandamiento abarca muchísimo más que tan solo el hecho de no pronunciar en vano el nombre de Dios.
Para lo cual, empezaremos diciendo, que este mandamiento puede ser también leído como: "no llevarás el nombre de Jehová tu Dios en vano", en lugar de “no tomarás”, y esto, ya nos empieza a dejar ver su alcance verdadero, pues nos conduce a entender que llevamos el nombre de Dios en vano, cuando decimos que somos Su pueblo mientras nuestros hechos no lo evidencian. Se cumple cuando decimos creer en Dios, para simplemente seguir actuando como si no existiera. Se cumple cuando nos presentamos ante el mundo como cristianos, pero vivimos igual que como el mundo, haciendo lo que él hace, vistiendo como él, pensando como él, hablando como él, reaccionando como él, divirtiéndonos como él, etc. Esto es todo lo que implica el hecho de tomar, o llevar, el nombre de Dios en vano, y así es como podemos descubrir con asombro entonces, que este mandamiento implica mucho más que lo que pensábamos. Ante esto, te pregunto ¿Eres inocente de este pecado? ¿Y qué tal acerca de todos los demás mandamientos? ¿Eres inocente al pararte frente al espejo de la Verdad? Tu consciencia te lo mostrará.
Y, si eres como yo, habrás descubierto entonces cuán pecador eres, al tiempo que tendrás una respuesta a tu pregunta de “¿Por qué el planeta entero está así de destrozado como está?”, lo cual nos deja sin excusa, tan solo expectantes a la llegada de ese terrible día del justo juicio eterno de Dios.
Pero, si al verte en este espejo de la Verdad, descubres para tu bien, que ante Dios no eres esa persona buena que creías que eras, y que has llevado el nombre de Dios en vano, debes saber que aún hay esperanza para ti, pues si crees en Cristo y te sometes a Su Palabra, podrás gozar perpetuamente de Su perdón, siendo capacitado por Él mismo, para que día tras día, luches contigo mismo y con tu pecado, de tal modo que puedas llevar Su Nombre en tu frente y en tu corazón (por pura Gracia), no en vano, sino en Espíritu y en verdad.