“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec”
Éxodo 17. 11
En el pasaje de hoy, los amalecitas habían decidido venir en contra del pueblo de Israel, por lo que Moisés dijo a Josué: “Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano” (Éxodo 17. 9). Y entonces, resultó que “cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec” (Éxodo 17. 11), pues como era de esperarse, los hombros de Moisés se cansaban con el paso del tiempo, y entonces sus brazos caían, con lo que el pueblo de Dios, consecuentemente, empezaba a flaquear también.
Al ver entonces que Moisés se agotaba, nos cuenta la Escritura que “tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol” (Éxodo 17. 12), con lo cual, Josué destruyó a Amalec, y Moisés construyó un altar allí que llamó Jehová-nisi, que significa: Jehová es mi estandarte.
El pueblo de Israel había triunfado, y habían dejado todo aquello escrito para memoria perpetua, hasta nosotros, crónica que al ser leída de manera superficial podría dar la impresión de que tal victoria Israelita se había debido al poder mágico de los brazos levantados de Moisés, pero eso no sería justo ni cierto, pues la victoria sobre Amalec se debió, únicamente, gracias a que Dios fue el estandarte de Moisés por medio de la ayuda de Aarón y Hur, quienes lo esforzaron en su ministerio cuando él estuvo cansado y próximo a desfallecer.
Y entonces, trayendo esta historia a mi presente, debo confesarte que nunca pensé que llegaría hasta este día aún escribiendo estas reflexiones bíblicas, pues nunca imaginé, en mi ignorancia, que la cuarentena fuera a extenderse mas allá de cuatro meses. Pero, por la pura misericordia y providencia de Dios, así ha sido, y quiero revelarte lo mucho que he sido edificado por medio de este trabajo; no por causa de mis reflexiones bíblicas en sí mismas, sino por los versículos y pasajes bíblicos que las han inspirado. El Señor, en todo esto, me ha edificado de una manera tal que mi limitada mente jamás habría llegado a concebir.
Pero, al ver estos escritos acumulados, alguien podría pensar que se ha tratado tan solo del fruto de mi esfuerzo humano; mas eso no sería justo ni cierto, pues este pequeño trabajo, sin duda ha dependido en gran parte de la obra del Espíritu en muchos hermanos y hermanas amadas que, detrás de cámaras, han sido movidos por el Señor en distintos tiempos, a animarme constantemente, a aconsejarme, a orar por mí y por el futuro de estas “Palabras de consuelo para mi iglesia en refugio”. Ellos me han enseñado lo que significa en la práctica que Jehová-nisi. Y entonces, al descubrir esto, me he dado cuenta de lo valioso que es animar a otros en Su servicio al Señor y en lo eficaz que puede llegar a ser la oración a favor de cada uno de ellos.
¡Cuántas veces he fallado yo en ser aquel soporte a los brazos de otros! Y ruego al Señor que en Su infinita gracia me perdone por ello. Pero quiero aprovechar mi falta para motivarte a ser tú ese Aarón y ese Hur que soporten los brazos humanos de nuestros pastores y maestros, que en cualquier momento de esta guerra pueden cansarse, como Moisés, y necesitar de esas palabras de ánimo, de gratitud y de oración que les recuerde, día tras día, que el Señor es su Jehová-nisi, porque eso se verá representado en nuestra victoria espiritual, como iglesia, sobre Amalec.