"Hay un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres: El del hombre a quien Dios da riquezas y bienes y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; pero Dios no le da facultad de disfrutar de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad, y mal doloroso."
Eclesiastés 6.1-2
El libro de Eclesiastés ha sido catalogado muchas veces como un libro triste, pesimista, melancólico y crudo, al considerarlo un texto en el cual el autor basa prácticamente todas sus observaciones en el sinsentido que le inspira el ciclo de la naturaleza y de la vida humana, en el cual un hombre simplemente nace para crecer, en ocasiones para reproducirse, y luego envejecer con muchos años de trabajo encima, para, al final de todo, morir irremediablemente.
Y bueno, no juzgo a quienes catalogan a este libro inspirado por el Espíritu Santo, como un libro falto de gozo, porque eso es parcialmente lo que es: Un libro que casi en todas sus líneas nos relata como es la vida de un hombre sin Dios en el corazón.
En el versículo de hoy, que nos relata un mal "muy común entre los hombres", narra el caso de un hombre que ha recibido una gran cantidad de honra y bienes materiales, "todo lo que su alma desea", pero a quien Dios no le ha dado la capacidad para disfrutar de ello ¿Puedes imaginarlo? ¿Tenerlo todo, desear y alcanzar, y al final sentirte igual de insatisfecho siempre, para luego morir dejándolo todo simplemente para el deleite de extraños?
La satisfacción, la alegría y el disfrute, son bendiciones del Señor, intangibles, si, pero regalos que solo provienen de un Dios que con manos llenas de estas cualidades, reparte de manera amplia su bien, permitiendo así, por medio de su Santo Espíritu, que un creyente pueda experimentar la plenitud y la paz incluso a pesar de las carencias materiales.
Así pues, en contraposición a este sombrío versículo de Eclesiastés, podemos encontrar el ejemplo de un hombre, que estando encarcelado por causa de su fe, con un corazón lleno del Señor Jesús, escribió:
"Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." (Filipenses 4.12.13)
Nuestra única fuente para hallar plenitud de gozo, en esta vida y en la otra, es el Señor...
¡Shalom!
¿Te encuentras hoy plenamente gozoso y satisfecho en Él?