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"A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche."

Isaías 55:1

Reflexionábamos con un hermano en que todo bajo el cielo tiene un precio, y que ni aún aquello que nos es ofrecido en internet o en los supermercados como "gratuito" en verdad resulta serlo, pues aun cuando no nos piden dinero a cambio por sus productos o aplicaciones, finalmente nos cobran de algún modo, bien sea con la inversión de nuestro tiempo, con el tráfico de nuestros datos o con la visualización de publicidad que somos voluntariamente obligados a consumir. Y a pesar de que sabemos todo esto, es indudable que la palabra gratis, aunque no sea cierta, nos atrae. 

Y lamento si te desencanta un poco esto que te estoy diciendo, pero la verdad es que debajo del sol es imposible conocer lo que significa en realidad la palabra gratis o gracia... Con excepción de un único caso: La Salvación por medio de Jesucristo.

En este excepcional caso, Dios Padre, no teniendo ninguna necesidad de salvarnos, y sin haber ningún mérito en nosotros sino por el contrario sentencia eterna en nuestra contra, nos redime de manera gratuita en la Cruz, algo que a nosotros no nos costó nada, pero a Dios Padre le costó la muerte de su amado Dios Hijo, Jesucristo ¡Esto es gratuito de verdad, gracia sublime y real!

Asombrosamente el mismo ser humano que ama la palabra "gratis" en los productos del supermecado, teme a lo que es verdaderamente gratuito, es decir, a lo gratuito al nivel perfecto y Divino, por lo que de algún modo le huye, bien sea rechazando radicalmente el regalo, o bien sea aceptándolo pero intentando buscar luego alguna manera que le permita creer que al menos a cuotas, por medio de sus obras, está pagando aquel amor inmerecido que le fue regalado en absoluto por el Señor. Y contra esto último vas a tener que estar luchando toda tu vida amado creyente por cuánto la carne riñe completamente con la gracia. 

En este tiempo de crisis, y luego de él tambien, debes recordarte cada día que tu salvación te fue enteramente dada por gracia, y que hasta el fin de tus tiempos lo seguirá siendo. Y luego, teniendo esto en mente, piensa tambien que dado que de gracia recibiste, estás llamado a dar gratuitamente a otros para la Gloria de Dios (Mateo 10.8).

Este es el arroyo vivo y gratuito del Evangelio, por tanto, ven a sus aguas de día en día creyente en Cristo, y si aún no has creído en El, ven a beber tu también, sin dinero y sin precio, de Aquel "precioso manantial de la sangre de Emanuel, que purifica a cada cual que se sumerge en El*."

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* Cita tomada del himno titulado "Hay un precioso manantial" de William Cowper