"Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y lo sacaron y lo pusieron fuera de la ciudad."
Génesis 19:16
Cuando nuestros ojos prevalecen sobre nuestra fe, nuestra capacidad para tomar decisiones sabias puede verse grandemente comprometida, y por lo que conocemos de Lot, este fue su constante problema. Lo vemos por primera vez cuando Abraham le da la oportunidad de elegir la tierra en que desearía morar, ante lo cual Lot opta por rechazar la tierra de Canaán, escogiendo vivir en una preciosa llanura sin importarle que esta estuviese en íntima vecindad con el aberrante y pecaminoso pueblo de Sodoma.
Y ahora, Lot estaba en problemas, cosechando el fruto de su elección, pues el pueblo de Sodoma había llegado hasta su casa para abusar de él, de su familia, y de los ángeles que hospedaba. Para aquel momento, Dios ya había determinado el juicio sobre Sodoma y Gomorra, por lo cual Dios había enviado precisamente a aquellos ángeles con la misión de advertirle a Lot que debía dejar todo atrás, su casa y posesiones, y escapar inmediatamente del fuego y del azufre que llovería. Pero aquí, nuevamente, vemos a Lot dubitativo ¿Dejarlo todo? ¿Huir?
La tardanza de Lot fue tal, que "al rayar el alba, los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer, y tus dos hijas que se hallan aquí, para que no perezcas en el castigo de la ciudad." (Génesis 19. 15) hasta que finalmente tuvieron los ángeles que asir "de su mano, y de la mano de su mujer y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él" (Génesis 19. 16) para poder sacar a Lot de Sodoma antes de la llegada del juicio Divino.
¿Que necedad la de Lot, no te parece? ¡Cuánto le costó obedecer a los ángeles en procura de su bien, quienes tuvieron que sacarlo obligado según la misericordia de Dios!
Éste juicio de Sodoma y esa duda de Lot me recuerda el actual tiempo en que vivimos, una situación sobre la cual hemos sido avisados y sobreavisados. Se nos ha indicado de manera reiterada que usemos nuestros tapabocas bien puestos en determinadas circunstancias, que nos lavemos las manos frecuentemente, que no nos automediquemos y que guardemos el distanciamiento social. Pero dudamos ¡Dudamos de tantas maneras! basándonos en nuestros ojos, como Lot, en nuestra propia percepción de todo lo que perderemos (o hemos perdido) si hacemos caso; lo cual se ha visto agravado por la exagerada atención y credibilidad que hemos dado a cada persona que aparece en redes sociales atribuyéndose algún conocimiento ¡Hemos caído en la fascinación de las teorías conspirativas al punto tal que en muchos casos nos hemos visto tentados a ir en contra de la autoridad!
Que pueda sospecharse de la veracidad de algunas cosas, no relativiza nuestro llamado a someternos a la autoridad establecida por Dios, la cual ha ordenado medidas que hasta la presente se ha demostrado que contribuyen a disminuir nuestro riesgo de contagio, y que para nada van en contra de la expresa Voluntad de Dios. Pero aún así, suponiendo que al final llegase a descubrirse que todo es falso (cuyas víctimas mortales son clara evidencia de lo opuesto) tendremos la tranquilidad de que, a lo largo de todo este tiempo, dimos testimonio al mundo incrédulo de obediencia, prudencia y sujeción.
En esta pandemia que nos azota, no empeoremos las cosas actuando como Lot.