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"Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?"

Génesis 18. 24

El pecado de Sodoma había encendido la ira de Dios, por lo que un duro juicio, cual nunca se había visto desde el Diluvio, caería sobre aquella ciudad.

Pero Abraham, al enterarse de lo que el Señor planea hacer, se acerca a Él y empieza a interceder, intentando persuadirlo de abortar su justo juicio, diciéndole: "¿Destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él?" (Génesis 18. 24) a lo que Dios responde mostrándole que en Sodoma no hay 50 justos gracias a los cuales pueda acceder a su petición de perdonar a la ciudad entera.

Al oír esto, entonces Abraham aprovecha, y rápidamente baja su apuesta, diciendo: "Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad?" (Génesis 18. 28a), pero Dios le muestra que en esa ciudad tampoco había, ni aún, 45 justos por los cuales la ciudad pudiera ser perdonada. 

Y tal vez en este punto Abraham se haya empezado a dar cuenta de que su argumento no estaba funcionando mucho, mas sin embargo, él no se da por vencido, y sigue regateando, bajando sucesivamente el margen de su apuesta de 40 justos a 30, y de 30 justos a 20, y de 20 justos a 10, entendiendo al final, por boca de Dios, que ni aún había 10 justos en toda Sodoma, por lo que finalmente Abraham decide callarse, e irse a su casa.

Todo el esfuerzo de Abraham, abogando con el objetivo de salvar a la ciudad entera del juicio, en virtud de los creyentes que estaban allí, no había funcionado, y finalmente él se había marchado con un claro mensaje de Dios en su mente: No había ni siquiera 10 personas que hubieran sido alcanzadas por el Evangelio en toda la ciudad, por lo cual, ya no había reversa, Sodoma merecía ser destruída.

¿Que falló en el plan de Abraham? 

Abraham había invertido todo su esfuerzo en una intercesión equivocada, porque como nos dice Jack Scott: "La tarea del creyente en un mundo que está bajo juicio, no es la de tratar de salvarlo, sino de sacar a los hombres de él", y que bien nos cae a nosotros esta frase hoy, pues estamos justamente viviendo un duro juicio, y nuestra tarea no debe ser tanto pedirle a Dios que no ejerza Su Juicio sobre el mundo (como lo pretendía Abraham), sino que nuestra misión es esforzarnos por sacar a los hombres del mundo, compartiendo diligentemente con ellos el mensaje del Evangelio.

Concluimos entonces, que el mundo no necesita creyentes que los salven del Coronavirus, tan urgentemente como necesita creyentes que los saquen del mundo, porque enfrentar a Dios sin Cristo es eternamente peor que morir de COVID-19.

Podemos, como Abraham, invertir nuestros esfuerzos orando que Dios detenga pronto esta pandemia en virtud del sufrimiento de los creyentes que están en esta Sodoma que llamamos mundo, pero esa no debe ser tanto nuestra oración, como que Dios haga Justicia y que permita que muchos vengan hoy a los pies de Cristo por medio de la predicación de nuestros labios, porque cuando venga el Juicio Final, ya no habrá más oportunidad de interceder ni de evangelizar a nadie.