Esta frase del escritor Richard Matheson en su libro “Soy leyenda”, es sin lugar a dudas una perfecta síntesis de lo que comúnmente llamamos “normalidad”. Todas las prácticas y juicio de valor que en cada época y lugar se desarrollan y han desarrollado. En nuestra micro y macro historia; desde lo familiar hasta lo regional.
En el año 2007 participe en una capacitación de dos días en la ciudad de Gualeguay, en el cual la Psicología Social era la disciplina medular de este encuentro. Me acuerdo que una de las ponencias estuvo a cargo de Alfredo Moffat (recuerden muy bien este nombre porque dentro de poco estaremos hablando y escuchando sus trabajos). Las temáticas eran “Las nuevas infancias y adolescencia” con diferentes talleres donde uno podía participar libremente de acuerdo a la temática elegida.
En uno de estos talleres recuerdo perfectamente, la docente abre la clase con una imagen de un cuadro donde se ve a la izquierda la foto de los “Niños de Llullaillaco” y a la derecha la vestimenta completa de un niño futbolista.
Así como Richard Matheson utiliza las palabras que generar esa maravillosa síntesis, el arte se hizo presente ese día para simbolizar y sintetizar “los sacrificios, los rituales” pasados y presentes.
Lo que para nosotros actualmente sería una salvajada “sacrificar niños/as”, en el pasado no lo eran. Sin embargo, para nosotros actualmente es normal sacrificar a niños/as a competencias feroces de baile, canto, cine, deporte, etc… en busca del dinero y el éxito. Tan normal que hasta este razonamiento que estoy haciendo nos parece un delirio.
Dicho esto, imaginen la normalidad de acciones violentas que nos sometemos cotidianamente y naturalizamos sin problemas. El colapso ambiental que se describe a diario o el que hacía referencia Kika Kneeteman este lunes es producto de estas acciones “normales”; por ejemplo. Violencia y sacrificios por doquier justificados con la “normalidad”.
Bienvenidos a este Podcast de los miércoles. En el episodio de hoy voy a leer una nota referida a “Niños de Llullaillaco”, pero es muy importante situar el contexto donde ocurrieron los hechos para no caer en el juicio de valor “civilización y barbarie”. Por eso realice esta introducción que Uds terminan de escuchar.