Ser honesto implica obrar con rectitud, no mentir, no tomar lo que no nos pertenece, no asumir compromisos que no vamos a ser capaces de cumplir, no generar en el otro expectativas vanas, en suma, actuar de la manera en que nos gustaría que los demás obraran con nosotros o de nuestros seres más queridos.
Proceder con honestidad es una decisión personal y se incorpora a la forma de vida de cada uno; es un código no escrito pero permanente, que siempre está presente en nuestro proceder porque Se Trata de Actitud.