La queja es tan sigilosa que se mete en nuestro vocabulario hasta hacerse parte de nuestra identidad. La queja sin pedir permiso nos pone un tag y nos proyecta de manera equivocada ante todo el universo. La queja nos aleja de Dios y de su propósito, por ende de la eternidad.
Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.
'Háganlo todo sin quejarse ni pelearse, '
Filipenses 2:14
¡No tenemos razón para quejarnos
si nos castiga por nuestros pecados!