Esta meditación nos invita a profundizar en nuestra relación con Dios, explorando la doble verdad de quiénes somos: siervos y amigos. Partiendo del Evangelio, reflexionamos sobre cómo, aunque somos criaturas que solo cumplimos con lo que tenemos que hacer (siervos inútiles, según Lucas 17), somos llamados a más. Dios es el Dueño y Creador que define las reglas del juego de la vida, pero Su actitud no es la de un déspota, sino la de un Padre que nos llama amigos.
El Señor nos ha amado hasta el extremo, dando Su vida por nosotros. Por ello, el Evangelio es el manual de este juego divino de amor. Él nos explica las reglas (como el padre que le da una casa de muñecas a su hija) no para aburrirnos, sino para que podamos vivir la vida plenamente y seamos felices.
Descubre cómo la alegría está en amar y servir a los demás por amor, y no simplemente por obligación o para reclamar el premio. Somos siervos de Dios, sí, pero sobre todo, somos Sus hijos amados.