La culpa es la consecuencia inmediata del pecado, y no podemos librarnos de ella sino hasta arrepentirnos y confesar nuestro pecado. Entonces podemos alcanzar perdón, redención, y la oportunidad de transformar nuestra vida para empezar a hacer las decisiones correctas. La culpa es el foco rojo, el indicador de que algo no anda bien y de que debemos detenernos a reflexionar.