A menos de 24 horas de su arresto, Jesús hizo una oferta a sus discípulos en las circunstancias menos pensadas (Juan 16:33). En ese mismo minuto Judas se encontraba con los enemigos de Jesús para llevar a cabo su traición. Jesús sabía todo lo que iba a sufrir en ese momento, y sin embargo tenía paz, una paz que sólo proviene de Él, más que suficiente como para dar a otros.