Este tema considera la cena del Señor, ordenanza que se debe observar repetidamente durante toda la vida cristiana como señal de que seguimos en comunión con Cristo.
Comer en la presencia de Dios: bendición especial en toda la biblia
El Señor Jesús instituyó la cena del Señor de la siguiente manera:
Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciéndoles:
—tomen y coman; esto es mi cuerpo.
Después tomó la copa, dio gracias, y se la ofreció diciéndoles:
—beban de ella todos ustedes. Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados. Les digo que no beberé de este fruto de la vid desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi padre. (Mt 26:26-29)
Pablo añade las siguientes frases de la tradición que él recibió (1 Co 11:23): «esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que beban de ella, en memoria de mí» (1 Co 11:25).
¿Hay en el antiguo testamento algún trasfondo de esta ceremonia?
Las comidas de sacrificios del antiguo testamento continuamente apuntaban al hecho de que todavía no se había dado el pago por los pecados, porque los sacrificios se repetían año tras año, y porque miraban hacia el futuro al Mesías que vendría y quitaría el pecado (vea He 10:1-4).
La cena del Señor, sin embargo, nos recuerda que Jesús ya pagó por nuestros pecados, así que ahora comemos en la presencia del Señor con gran regocijo.
Sin embargo, incluso la cena del Señor mira hacia adelante a una comida de comunión mucho más maravillosa en la presencia de Dios en el futuro,
Esa ocasión futura de comer en la presencia de Dios la deja vislumbrar Jesús cuando dice:
«Les digo que no beberé de este fruto de la vid desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre» (Mt 26:29).
Se nos dice más explícitamente en Apocalipsis respecto a la cena de las bodas del Cordero: «el ángel me dijo: “escribe: ‘¡dichosos los que han sido convidados a la cena de las bodas del Cordero!’”» (Ap 19:9). Ese será un tiempo de gran regocijo en la Presencia del Señor, así como un tiempo de veneración y temor reverencial ante él.
Desde Génesis a Apocalipsis, la meta de Dios ha sido llevar a su pueblo a la comunión consigo mismo, y uno de los más grandes gozos de experimentar esa comunión es el hecho de que podemos comer y beber en la Presencia del Señor.