Dos Davids.
Blaine y Sylvian.
Uno, mago, que hizo común la magia callejera, pero que pronto quiso llevar su resistencia corporal y mental a niveles atmosféricos y de congelación y de electricidad siguiendo y superando lo que el mismísimo
Harry Houdini había dejado sin intentar porque se murió de un putazo de un chamaco travieso.
El otro, músico que empezó su carrera dentro del glam-rock, pero que empezó a sentirse limitado y sin ánimos dentro de su primera banda y quiso transformarse en un explorador de sí mismo y también por lo tanto un explorador de su fe y de su música sobre todo, que es lo mejor para todos quienes escuchen este episodio y puedan acercarse a su música que es extraña, sí, pero que al menos una de sus rolas se te quedará en la mente como una deliciosa adicción, muy de la nada y meditativamente.