En lo que se refiere al aspecto físico de nuestra naturaleza, vivimos básicamente de lo que comemos y de lo que bebemos. En lo espiritual, el proceso es el mismo. ¿Qué quiero decir con esto?
Que nuestra vida y nuestra salud espirituales dependen básicamente de lo que entra por nuestros sentidos y se almacena en nuestra mente. De ahí viene la importancia de comer y beber constantemente de la Palabra de Dios, tal como dijo Jesús. “Escrito está: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’ ” (Mat. 4:4).