En el carácter justo de Dios no cabe la parcialidad. No fue Pablo el primero en reconocer la justicia imparcial de Dios. Ya el patriarca Moisés escribió: “Porque el Señor su Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible que no hace acepción de personas ni acepta soborno” (Deut. 10:17, NBLA).