Estos diálogos caudalosos que nos han traído hasta aquí, con sus movimientos difusos, violentos y cambiantes.
Las trayectorias de lo propio y lo ageno que nos han llevado hasta el efímero momento en que nos encontramos situados y, sin querer queriendo, volteamos para atrás y observamos la distancia que hemos recorrido. Así, eso que nosotros llamamos movimiento, historia o narraciones propias no hacen reconocernos en los instantes de nuestra vida.