Con el inicio de la pandemia por COVID-19 en diciembre del 2019, el uso de mascarilla se ha convertido hasta la fecha en el dispositivo de mayor uso a nivel mundial siendo de gran ayuda para disminuir la rápida propagación del virus del SARS-COV-2 y una manera de cuidarnos y cuidar a los demás, sobre todo a los mas vulnerables como son personas mayores y aquellos que sufren enfermedades con diabetes o azúcar en la sangre, hipertensión arterial o presión alta, obesidad, enfermedades pulmonares, cardiacas y otros.
Sin embargo, este nuevo dispositivo de protección se ha convertido para muchas personas en un problema de salud a nivel de la piel, pues hemos visto un incremento de enfermedades cutáneas de reciente aparición o agravamiento de problemas en la cara que existían antes de iniciar el uso de mascarillas de la forma en que la usamos hoy en día, este tipo de afecciones son: Eccema por contacto (irritación de la piel por el material del que está elaborada la mascarilla), acné (barros y espinillas), rosácea (enfermedad que genera enrojecimiento y sensibilidad en la piel por alteración de los vasos sanguíneos), dermatitis seborreica e infecciones por bacterias y hongos.
El hecho de usar mascarillas por mas de 6 horas a lo largo del día produce un aumento del calor de la piel de la cara, mayor humedad y calor local, también se ha encontrado mayor producción de sebo en esas zonas lo que se considera como las causas que favorecen el acné y el eccema, además del agravamiento de la rosácea o la aparición de infecciones por bacterias, hongos o virus.