No es desconocido que nuestro país ha venido cargando durante su historia, tantos momentos de destrucción, violencia y luto. Se han impuesto los que a través de la fuerza han oprimido a los más débiles. No es solo una historia reciente, ha sido una espiral de violencia desde el nacimiento de esta patria.
Están aquellos que ávidos de poder y riquezas no les ha importado explotar o pisotear la dignidad de su semejante. Están los chantajistas que tienen sometidas a sus víctimas, sabrá Dios por que causa. Están los que en todos los niveles, en todas las esferas se niegan a servir si es que no consiguen algún usufructo, una ganancia. Están los que esperan el momento oportuno para realizar su venganza, albergando cada vez más y más odio en los corazones.
Están los que no se comprometen con la vida, y pensando que pueden tomar la vida de los otros sin consecuencias y abortan, asesinan con un arma o a través de la eutanasia.
Están los apáticos, que sin importar la circunstancia adversa del hermano, el hambre, la pobreza, la falta de trabajo, la enfermedad, el luto, pasan desapercibidos y desorientados de la realidad, importándoles solamente lo que hay en su haber y antojadizo querer.