Nuestro Dios se cansó de recibir sangre de animales sin mancha, pues sus hijos seguían impíos y esto no les preocupaba, pues querían ser salvos a través de animales inocentes y no a través de sus actos y de su obediencia.
Dios envío un cordero que no limpiaría el pecado de una sola persona, sino del mundo entero.
Dicho Cordero se sacrificio para que aún aquellos que no éramos sus hijos por pertenecer a su pueblo elegido, nos hicimos sus hijos gracias a su sangre derramada y así, ser salvos por gracia.