Listen

Description

Una tarde mientras hacía la fila para pagar mi compra en el supermercado, observé a un
padre de familia con sus dos hijos, el mayor tendría unos siete años y el pequeño quizás
unos cinco. Todos llevaban sus productos en las manos y no en una canasta o carreta. El
más pequeño llevaba un clamshell o contenedor pequeño de arándanos, esas frutitas
redondas, azules, sumamente deliciosas, pero que suelen ser un poco caras en el sector
donde vivo.
Como la banda estaba un poco alta para aquel niñito, al momento de colocar el contenedor
en la banda transportadora de la caja, éste se abrió y muchos arándanos cayeron al piso y
en la banda. El padre, de inmediato, arremetió contra el niño golpeándole en la cabeza y
reprendiéndolo por su descuido, el niño agachó la cabeza y ni siquiera lloraba, pero se
notaba su tristeza y temor. El papá por su parte parecía molesto, pero más que todo
avergonzado. Algunas personas que estaban cerca les ayudaron a recoger la mayoría de
las frutas, aunque se quedaron algunas tiradas todavían, pero aun así pagaron y se fueron.
Cuando iba de camino a casa, medité respecto a todo lo que observé y me pregunté ¿por
qué llevaban los productos en las manos, habiendo tantas canasta y carretas disponibles?
¿por qué castigar a un niño por un accidente así? Esos accidentes suelen ocurrir con estos
contenedores, a veces no están bien cerrados o si se les toma con demasiada fuerza
pueden abrirse, etc.
El asunto es que la vida se parece un poco a esos contenedores y en en muchas ocasiones
podemos echar a perder relaciones, hacer malas inversiones, desperdiciar recursos, tomar
malas decisiones, en fin, una infinidad de posibilidades que serían como esos arándanos
esparcidos por el suelo. Se vive con la conciencia de que se ha hecho algo mal, pero se
busca que alguien más cargue con la responsabilidad. Queremos que alguien nos ayude a
recuperar o restaurar el orden de las cosas, pero pronto nos damos cuenta que todos esos
esfuerzos son insuficientes y que algunos arándanos no se recuperarán, algunos serán
pisoteados y otros quedarán debajo de algún estante.
¿Qué podemos hacer? Independientemente de tu edad, quizás ya hayas dejado algunos de
tus arándanos y no los puedes recuperar y sin embargo se debe pagar el contenedor
completo. Dios no es como los padres terrenales que por su propia vergüenza, pueden
golpear a los más pequeños; Él nos amó tanto, que dio a su Hijo como pago por todas
nuestras faltas, y ofrece una nueva vida y ayudarnos a llevar no sólo el contendor de
nuestra vida, sino todas nuestras cargas.
¿Qué harás, seguirás intentando recoger todos los arándanos que has derramado? o
¿aceptarás que Él te de una nueva vida, para que el la llene de lo que tiene preparado para
ti? Piénsatelo y no lo rechaces.