Nos da miedo muchas veces que nuestra vida ordinaria no sea coherente con nuestra vida espiritual, es importante reconocernos que somos pequeños y que las tentaciones llegan siempre, pero mucho más importante es sabernos amados por Dios, que en su infinita misericordia siempre nos espera. "La santidad no es un privilegio para unos pocos, si no una obligación para ti y para mí" decía Santa Teresa de Calcuta, desde allí donde estamos viviendo de una manera extraordinaria lo ordinario de nuestra vida, haciendo todo para Dios y con Él podemos santificarnos en nuestras labores diarias y santificar a los demás. No tengas miedo a ser santo desde lo que te toca hacer.