Como jóvenes millennials recién egresados de la universidad, al incorporarnos a la fuerza laboral por primera vez hace ya casi 10 años, pudimos darnos cuenta de la filosofía que regía las interacciones sociales/profesionales en el "mundo real".
Todo era una competencia por no dejarse de los demás, porque bien nos dicen - el que pega primero, pega dos veces - una carrera solitaria por escalar la jerarquía corporativa. "Uno no viene a hacer amigos al trabajo" - me decían.
Era un terreno donde lo jóvenes no teníamos voz ni voto, solo éramos un par de manos y pies para cumplir cualquier visión utópica del líder en turno. Y claro, este último siempre teniendo la razón con el argumento de que "así se han hecho las cosas siempre y funciona".
Con ojos y perspectiva fresca, para nosotros era muy claro que ésta era una filosofía insostenible y que, eventualmente caería por su propio peso.
Afortunadamente, en los últimos años se ha podido sentir cómo la opinión y filosofías de nuestra generación ha ganado más peso, presencia y experiencia en el mundo laboral...el famoso "mundo real". Con ello, el surgimiento de nuevos líderes con un chip totalmente diferente al de nuestros padres/madres y abuelos/abuelas.
Líderes que no buscan explotar, sino colaborar con las generaciones más jóvenes; líderes que su motivación no es el dinero, sino el servir a la comunidad a la que pertenecen, lideres que consideran que hacer el bien, no es una señal de debilidad sino el principal motor para el crecimiento y el desarrollo.
Conocer este tipo de líderes nos llena de emoción por el futuro. Años de colaboración multigeneracional y una nueva especie humana nos espera.
Nuestro querido amigo Don Edgar y su esposa Victoria son uno de esos líderes y tuvimos la gran oportunidad de emprender un viaje en el tiempo para conocer su pasado, entender su presente y proyectar su futuro.
Gracias por escucharnos. Ojalá nuestra experiencia le sume a tu proceso.
Tus amigos,
Los Chiquis del Norte.
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