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El domingo pasado mi hijo, mi marido y yo fuimos a pescar. No pescamos nada, pero pasamos una tarde estupenda.



Dos pescadores de Lugo que pasaban por allí nos regalaron varias ninfas. Nosotros no sabíamos lo que eran las ninfas, pero uno de ellos se tomó el tiempo de explicárnoslo. El otro pescador, al ver que no habíamos pescado nada, propuso pescar una trucha para Mateo, y así lo hizo. Era un alevín. Lo sacó con mucho cuidado del anzuelo y se lo dio delicadamente posándolo en su mano y diciéndole que aquel pez tenía que volver al río porque era demasiado pequeño. Él lo lanzó, el pez empezó a nadar y Mateo lo siguió con la mirada hasta que desapareció bajo las tranquilas aguas del Ulla. 



​Al volver a casa pensé en el hermoso día que habíamos pasado juntos, en lo tranquilo y apacible que es Chorexe, en la suerte que tenemos por vivir en este pequeño paraíso en el corazón de Galicia, pensé en la amabilidad de los pescadores, pensé en aquel alevín que salió y volvió a entrar en el río porque no había llegado su hora, pensé en las vueltas que da la vida, pensé y pensé, y por fin cerré los ojos para dormir una pequeña siesta porque estaba agotada



Este domingo, si el tiempo nos lo permite, volveremos a Chorexe para pescar en el río Ulla o simplemente para pasar la tarde juntos. Llevaremos unos bocadillos, una tortilla de patatas, una ensalada, fruta y una manta para echarnos sobre la hierba y descansar, arrullados por las aguas del Ulla y por los susurros de los árboles que dan sombra a tan maravilloso lugar y que se cuentan hermosos secretos que los humanos no podemos descifrar.