En los últimos años ha aumentado aparentemente la longevidad, las condiciones de la vida han mejorado y el trabajo se ha hecho más fácil. Se ha eliminado o controlado las enfermedades temidas que alguna vez se habían extendido, como la viruela, la poliomielitis y otras plagas.
La mecanización (al menos en los países desarrollados) ha eliminado el trabajo penoso y los peligros en muchos empleos, y son máquinas las que ahora ejecutan completamente algunas de las tareas más desgastadoras. Por su puesto, hay, muchos problemas que no se han solucionado, como la guerra, la pobreza, ciertas enfermedades incurables, las preocupaciones ambientales y los nuevos problemas que surgen de la misma tecnología que ayudo a resolver los problemas antiguos.
Aun así, la fe de la humanidad en el progreso se mantiene prácticamente inalterada. Muchos creen fervientemente que, con suficiente tiempo, ciencia y tecnología, se solucionaran algún día los problemas restantes de la humanidad.
Pero, aunque el hombre ha dado grandes pasos para mejorar sus condiciones de vida, el problema más apremiante-aquel ante el cual los otros palidecen- sigue estando infinitamente más allá de su capacidad para resolverlo. Es el mismo asunto insalvable que confronto a Adán y Eva después de la caída; esto es, que todas las personas sin excepción:
Son culpables de pecado (Romanos 5:8)
Dios los condenara al castigo eterno en el infierno (Apocalipsis 20:11-15)
Por violar su ley santa (Gálatas 3:10)
Desde que la desobediencia de Adán hundió a la raza humana en el pecado (Romanos 5:12-21) Satanás no ha cesado de promover la mentira de que las personas puedan llegar a Dios por sus propios términos. Esa mentira, aceptada por quienes siguen el camino ancho que lleva a la destrucción (Mateo 7:13), está en el centro de toda religión falsa.