En las últimas décadas la moral y la vida honesta han sido concesionadas por privilegios egocéntricos que separan de Dios y que hacen que una persona se auto destruya.
El viejo refrán dice: “todo hombre tiene su precio”, ¿es eso verdad?, ¿tenemos normas morales que son válidas mientras convienen nuestro objetivo y deseos personales? ¿Estamos dispuestos a poner a un lado nuestros deseos en favor de esas normas que afirmamos creer?
La historia de la iglesia abunda en personas que se negaron a transigir en cuanto a las normas bíblicas:
Martin Lutero no negó a Cristo.
Hugo Latimer, reformador inglés fue quemado en la hoguera por su fe en Cristo.
Esos hombres representan a la gente que no puede comprarse; ningún precio les hará venderse.
EL COSTO DE
HACER CONCESIONES
Hay una gran falta en la iglesia hoy de hombres que se aferran a sus convicciones. Muchos que se llaman cristianos se ufanan de sus normas morales y alaban su recto carácter, pero abandonan sus convicciones cuando hacer concesiones resulta más beneficioso y oportuno.