A lo largo de la epístola, el apóstol Pedro inspira a los creyentes a entrar en acción señalándoles la segunda venida de Cristo y lo que Dios ya ha revelado para el final de los tiempos, el apóstol les recuerda que el final de los tiempos está cerca como una manera de motivar a una conducta cristiana apropiada.
Debido a que la muerte y la resurrección de Cristo—los acontecimientos cruciales de toda la historia humana—ya han tenido lugar, estamos balanceándonos en el filo
de la era venidera.
Está realidad insta a una mentalidad sobria que conduce a la oración.
La venida del fin también debería motivar ante todo a un amor constante por los hermanos creyentes, ya que el amor es la virtud esencial de la fe cristiana.
Pedro les recuerda a los creyentes que deben cubrir (perdonar) los pecados de los demás como una expresión de amor.
Ellos no deben manifestarles su amor únicamente a los creyentes que conocen, sino también a los que no, especialmente a los cristianos viajeros que son extraños
necesitados de hospitalidad.
Finalmente, la venida del fin debe motivar a los creyentes a usar en su totalidad los dones que Dios les ha dado. Dios tiene creyentes dotados de diversas capacidades y cada uno de ellos debe administrar fielmente esos dones para el avance de toda
la iglesia.