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Los ataques de los falsos maestros pusieron
a Pablo entre la espada y la pared. Si se defendía contra su difamación, cosa que debía hacer para mantener a la iglesia en la verdad, se arriesgaba a
parecer orgulloso. Y, honestamente, nadie era más intensamente consiente de los defectos de Pablo que el mismo. De hecho, constantemente se sorprendía por formar parte  del ministerio.

Tales ataques hirientes y odiosos mudaron la lealtad de los corintios de la verdad divina a la mentira satánica, y
exigían una respuesta de Pablo. No estaba interesado en defenderse por provecho propio, sino por amor al evangelio. Pablo sabía que si los falsos maestros podían desacreditarlo, lo reemplazarían como los maestros autoritativos de Corinto. Entonces tendrían libertad para engañar a los corintios con su falsa
enseñanza.

En la primera carta inspirada a Timoteo confeso:

1 Timoteo
1:12-14

1:12 Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por
fiel, poniéndome en el ministerio, 
1:13 habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui
recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. 
1:14 Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que
es en Cristo Jesús.