Dada la esperanza y la salvación para su pueblo, las personas sin Cristo deberían ser sensibles a su voz y venir a adorarlo y apartarse del pecado. Él tiene agua para los sedientos y bendiciones que no se puede comprar con dinero de este mundo. Los hambrientos pueden dase un gran banquete y recibir la vida que Dios les ofrece.
Nuestros corazones están hechos para adorar al Dios vivo y verdadero. Los deleites temporales de este mundo no pueden llenar el alma (Mt. 16: 26; Jn. 4: 13-14; 6: 35; 7: 37).
La maldad del pecado corrompe las buenas dádivas de Dios. Sin embargo, cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, oímos Su buena voz que da vida.
Él nos invita a comer y escuchar lo que es bueno; a oír Su Palabra y responder con corazones sumisos para que su Palabra justa moldeé y reoriente nuestras vidas.