El Evangelio de Juan expresa la verdad más profunda del universo en los términos más claros. Aunque un niño podría entenderla fácilmente, las palabras de Juan inspiradas por el Espíritu comunican una verdad imposible de asir aun para la capacidad de las más grandes mentes: el Dios infinito y eterno se hizo hombre en la persona del Señor Jesucristo. La verdad incontrovertible y gloriosa de que en Jesús el Verbo divino “fue hecho carne” (Jn. 1:14) es el tema del Evangelio de Juan.
La deidad del Señor Jesucristo es un principio esencial y no negociable de la fe cristiana. Varias líneas de la evidencia bíblica confluyen para probar de manera concluyente que Él es Dios.
Primero, las declaraciones directas de las Escrituras afirman que Jesús es Dios. Juan registra varias de esas declaraciones para mantener el énfasis en la deidad de Cristo. El versículo inicial de su Evangelio declara “el Verbo [Jesús] era Dios” .
En el Evangelio de Juan, Jesús asumió en repetidas ocasiones el nombre divino “Yo soy” (Jn. 4:26; 8:24, 28, 58; 13:19; 18:5-6, 6, 8).
En Jn. 10:30 afirmó ser uno en naturaleza y esencia con el Padre, ellos reconocieron que esta era una afirmación de deidad). Tampoco corrigió Jesús a Tomás cuando él le dijo “¡Señor mío, y Dios mío!” (Jn. 20:28); de hecho, lo alabó por su fe (v. 29). La reacción de Jesús es inexplicable de no haber sido Dios.
Pablo escribió a los filipenses que Jesús existía “en forma de Dios” y era “igual a Dios” (Fil. 2:6). En Colosenses 2:9 declaró: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Romanos 9:5 se refiere a Cristo como “Dios… bendito por los siglos”. Tito 2:13 y 2 Pedro 1:1 lo llaman “nuestro Dios y Salvador”. Dios Padre se dirige al Hijo como Dios en Hebreos 1:8: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino”. Juan se refiere a Jesucristo en su primera epístola como “el verdadero Dios” (1 Jn. 5:20).
Segundo, Jesucristo recibe títulos que se dan a Dios en otras partes de las Escrituras. Como ya se dijo anteriormente, Jesús tomó para sí el nombre divino “Yo soy”. Juan 12:40 cita Isaías 6:10, un pasaje que hace referencia a Dios en la visión del profeta (Is. 6:5). Aun así, en el versículo 41 Juan declaró: “Isaías dijo esto cuando vio su gloria (la de Cristo), y habló acerca de él”. Jeremías profetizó que el Mesías sería llamado “[El SEÑOR], justicia nuestra” (Jer. 23:6).
Tanto a Dios como a Jesús se les llama Pastor (Sal. 23—Jn. 10:14), Juez (Gn. 18:25—2 Ti. 4:1, 8), Santo (Is. 10:20—Sal 16:10; Hch. 2:27; 3:14), el primero y el postrero (o último) (Is. 44:6; 48:12—Ap. 1:17; 22:13), Luz (Sal. 27:1—Jn. 8:12), Señor del día de reposo (Éx. 16:23, 29; Lv. 19:3—Mt. 12:8), Salvador (Is. 43:11—Hch. 4:12; Tit. 2:13), el traspasado (Zac. 12:10—Jn. 19:37), Dios fuerte (Is. 10:21—Is. 9:6), Señor de señores (Dt. 10:17—Ap. 17:14), el Alfa y la Omega (Ap. 1:8Ap. 22:13), Señor de la gloria (Sal. 24:10—1 Co. 2:8) y Redentor (Is. 41:14; 48:17; 63:16—Ef. 1:7; He. 9:12).
Tercero, Jesucristo posee los atributos incomunicables de Dios, aquellos únicos a Él. Las Escrituras revelan que Cristo es eterno (Mi. 5:2; Is. 9:6), omnipresente (Mt. 18:20; 28:20), omnisciente (Mt. 11:27; Jn. 16:30; 21:17), omnipotente (Fil. 3:21), inmutable (He. 13:8), soberano (Mt. 28:18) y glorioso (Jn. 17:5; 1 Co. 2:8; cp. Is. 42:8; 48:11, donde Dios declara que no le dará a otro su gloria).
Cuarto, Jesucristo hace obras que solo Dios puede hacer. Él creó todas las cosas (Jn. 1:3; Col. 1:16), sostiene la creación (Col. 1:17; He. 1:3), resucita a los muertos (Jn. 5:21; 11:25-44), perdona el pecado (Mr. 2:10; cp. v. 7) y sus palabras permanecen para siempre (Mt. 24:35; Is. 40:8).
Quinto, Jesucristo recibió adoración (Mt. 14:33; 28:9; Jn. 9:38; Fil. 2:10; He. 1:6), aun cuando enseñaba que solo Dios debe ser adorado (Mt. 4:10).
Finalmente, Jesucristo recibió oración, la cual solo se debe dirigir a Dios (Jn. 14:13-14; Hch. 7:59-60; 1 Jn. 5:13-15).