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Oseas 9: 7-9; Jue 19: 21-30 NBLA

La adoración de los israelitas se verá radicalmente alterada a causa de su pecado y por el castigo de Dios.

Las festividades eran ocasiones para el regocijo, pero el pueblo de Israel no tiene razón alguna para ello. Sufren por su infidelidad (identificada en el capítulo 8 de Oseas como idolatría y alianzas extranjeras).

Israel debería ser distinto a las naciones, pero el pueblo ha actuado como prostitutas y se ha vendido a las naciones.

La paga por su pecado:

· es el hambre,

· la conquista militar y

· el destierro a los países mismos con los que han coqueteado (Dt. 28: 38-41).

Cualquier sacrificio que ofrezcan en el exilio será inaceptable para Dios y hará que el pueblo sea inmundo (Os. 9: 4). Ya no podrán llevar a cabo sus actividades (Os. 9: 5; 2: 11).

Egipto es el lugar de la muerte para Israel (Menfis era conocido por sus prácticas funerarias).

Los tesoros que los israelitas buscaban quedarán destruidos. Todo esto es el castigo divino por sus muchos pecados (Os. 9: 6-7).

En cuanto a este pasaje no queda claro en el texto hebreo si el profeta de los versículos 7-8 es un verdadero profeta que el pueblo rechazó o uno falso que engaña y será juzgado por Dios. De un modo u otro, el pueblo ha refutado la Palabra de Dios y es tan corrupto como el pueblo en los días de Guibeá (Gabaa), una alusión a la horrenda violación en grupo y el asesinato de la concubina de un levita que resulto en la guerra civil en Israel (Jue 19-21; Os. 10: 9).