Por toda la historia de Israel, el pastoreo siempre había sido parte conocida de la vida agraria cotidiana. Y todas las personas sabían que las ovejas son los animales más desamparados, indefensos, extraviados y sucios. Requieren supervisión, dirección, rescate y limpieza constante o se mueren. Ser pastor era buen entrenamiento para dirigir personas. De hecho, los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob habían sido pastores, como lo fueron los más grandes líderes de Israel: Moisés (Éx. 3:1) y David (1 S. 16:11; 17:28, 34; 2 S. 7:8).
Entonces no sorprende que los escritores del Antiguo Testamento usarán frecuentemente la imagen del pastoreo para describir a Israel como el rebaño de Dios, a Dios como pastor y a los líderes como los pastores ayudantes de Dios.
Los escritores del Nuevo Testamento también usaron esa misma terminología conocida para describir a la Iglesia.
Pero aunque la metáfora de un pastor sugiere cuidado tierno, también puede describir un gobierno autocrático, maltratador y duro.
La Biblia llama pastores a los falsos líderes espirituales, como también lo hace con los verdaderos.
Jesús se contrastó con los falsos pastores de Israel por medio de dos imágenes: Él es el pastor verdadero de las ovejas y él es la única puerta al redil.