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Los pelagianos se niegan a creer que toda la masa de la humanidad haya sido condenada y corrompida por un solo hombre.

Es solamente la gracia lo que nos sana y libera de esa corrupción y condenación.

Los profetas habían hablado ya del comienzo del juicio por el templo. Ezequiel describecircunstancialmente el comienzo del juicio divino: Dios llama a los poderes que “han de ejecutar la sentencia en la ciudad”.

 

Primeramente, el varón sacerdotal, “que estaba vestido de lino”, ha de ir por en medio de la ciudad santa, por en medio de Jerusalén, y señalar con una marca en la frente de los que suspiran y se lamentan por todos los horrores que se han producido en la ciudad. Sólo ellos serán perdonados.

Luego se transmite la orden: pasad en pos de él por laciudad y herid...comenzad por mi santuario (Ez. 9:1-7; Jer. 25: 29).

Esta imagen late la convicción de la necesidad de una última purificación, ante todo también del pueblo de Dios.

Recordando que el cristiano no se salva por su propia justicia (Ef. 2: 8-9; Fil. 3: 9).