Vivimos en un mundo de concesiones, en una sociedad que ha abandonado los parámetros morales y los principios cristianos a cambio de la conveniencia o del pragmatismo. La filosofía subyacente consiste en alcanzar nuestros objetivos sin importar los medios que sean necesarios para ello. Esta perspectiva egocéntrica debería tener como lema: «Si le sirve, hágalo». Esta noción lleva inevitablemente a comprometer la conciencia y las convicciones. Como las concesiones son tan prevalentes en nuestra sociedad, se podría decir que ya no poseemos una conciencia nacional; el sentimiento de culpa y el remordimiento no son factores que determinen la conducta.
Desgraciadamente, la filosofía y la práctica del compromiso ha invadido hasta la iglesia. Como la tolerancia es la ideología operante de nuestra sociedad, la iglesia adopta una perspectiva similar para alcanzar a los perdidos. Muchas iglesias buscan ahora modos de presentar el evangelio a la gente sin que se sientan ofendidos. Pero la misma naturaleza del evangelio es ofensiva, porque confronta a los pecadores con su pecado. Ignorando eso, muchas iglesias comprometen voluntariamente la Palabra de Dios en vez de mantenerse firmes en el evangelio, ofreciendo así al mundo una versión suavizada incapaz de efectuar cambio alguno.