Recuerdo que era mediados de diciembre cuando acompañaba a mi padre (retirado de los negocios) al “Superiberia” a comprar entre otros artículos, unas cajas de sidra. Llegado el día 22 salía con él a recorrer la pequeña Córdoba de principios de los años sesenta, para entregarle a cada “Agente de Tránsito” un sobre con dinero (que alguna de mis hermanas mayores, “si la memoria no me falla”, le había ayudado a disponer) felicitándolos por ser “Su Día”.