Hace tiempo cerca de nuestra casa en Xalapa, llegó a vivir una familia con un joven como parte de sus integrantes. Recientemente empecé a escuchar un sonido que agradablemente me transportó a mi niñez. Al atisbar por la ventana de la recámara vi al joven que provocaba la repetitiva estridencia que produce una pelota al pegar contra la pared: estaba “practicando” “pateando” su pelota una, otra y muchas veces. Mentalmente me trasladé 60 años atrás cuando ensayaba de manera similar para distraerme: primero con una pelotita de esponja que al paso de los años fue variando de materiales y tamaño hasta convertirse en un “balón”.