Dentro de “La ULSA” en el “área de profesionales” había unas escaleras a la mitad y otras casi a los extremos del edificio. En el patio, entre palmeras, estaba el estacionamiento de los maestros; un auto solitario se veía a las 6:00 de la mañana, hora de la primera clase. Era el de un profesor que sólo contaba con ese horario para impartir una cátedra que valía la pena escuchar.